Una historia que continúa

Así luce hoy la fachada del Madame Safó
Fachada del mítico burdel que fue furor en la edad de oro de Pichincha.

Continuando con la serie de publicaciones que hace 5 semanas se iniciaron en la página 2 del suplemento Señales del Diario La Capital, en esta oportunidad Osvaldo Aguirre da su opinión acerca del debate, involuntario, iniciado por la profesora Múgica en torno al origen y denominación del prostíbulo hasta el momento conocido como Madame Safó que aparentemente se llamaría El Paraíso. Hasta el momento, se sumaron Rafael Ielpi, Guillermo Zinni (hijo de Héctor, coautor de Prostitución y Rufianismo) y hoy se suma Osvaldo Aguirre. A continuación se reproduce dicho texto. 

El domingo 13 de abril María Luisa Múgica publicó una nota en este suplemento titulada “Cuando el Safo se llamaba Paraíso”. Historiadora y profesora de la Universidad Nacional de Rosario, autora de Sexo bajo control, un libro sobre la prostitución en Rosario entre 1900 y 1912, Múgica reveló entonces que el permiso de construcción del célebre prostíbulo de Pichincha 68 bis data de 1914, que su nombre no fue Madame Safo, como se lo conocía, sino El Paraíso y que su dueño original fue un francés llamado Albert Maury y no Pedro y Enrique Malatesta, según se creía.

Las fuentes principales de Múgica fueron los antiguos expedientes de la sección Moralidad Pública de la policía de Rosario. Se trata de un enorme caudal de documentación, completamente desconocido hasta que inició su trabajo, de importancia cierta para la historia de la ciudad y que recién comienza a ser explorado. El artículo también precisó que la primera mención a Madame Safo aparece en un documento policial de 1917 que identifica a la regente de El Paraíso, María Luisa Moissot, con ese apodo; probablemente a partir de entonces las encargadas del prostíbulo utilizaron el mismo alias.

El domingo siguiente, en su respuesta a ese artículo, el escritor y periodista Rafael Ielpi señaló que Múgica aludía de manera peyorativa a Prostitución y rufianismo, el libro que publicó en 1974 junto a Héctor Nicolás Zinni, e hizo citas de esa obra en que algunos de los entrevistados recuerdan al burdel con el nombre de Madame Safo. Ielpi centró su crítica en la frase “operaciones de memoria periodística de los años 70, sin duda meritorias, renominaron el lugar como Madame Safo”, dijo que el término “operaciones” tenía connotaciones espurias, aseguró que en aquel libro llamaron Madame Safo al burdel “como lo nombraban en los diarios, como lo hicieron escritores como Roger Plá o Raúl Gardelli y como lo recordaban los contemporáneos de su apogeo”. A continuación, el 27 de abril, Múgica aclaró el sentido de la expresión “operaciones” —tomada de la historiografía— y dijo que “la historia de la prostitución de esta ciudad, al igual que cualquier otro tema, es pasible de ser revisada, sobre todo a la luz de nuevos materiales de archivo y fundamentalmente de las preguntas que alguien se formula”. En ese marco, un recurso elemental de trabajo está dado por “la revisión crítica de la bibliografía disponible, la cual es criticable, discutible, etcétera, en su conjunto. Inclusive Prostitución y rufianismo, sin restarle por ello mérito alguno. Ser pionero en la apertura de un campo temático no da hoy ningún derecho a pensar el relato como acabado”.

Finalmente, el domingo pasado intervino el hijo de Héctor Nicolás Zinni. En su artículo, Guillermo Zinni reivindicó la labor de su padre en la investigación de “Pichincha, la mafia y la prostitución rosarina” y en el rescate de una temática “hasta entonces no sólo menor, sino también inexistente”.

El debate dejó varias cuestiones abiertas. En primer lugar, su mismo carácter. Un debate se construye con argumentos, no con expresiones de intolerancia. Un debate requiere un marco de respeto y de reconocimiento del otro. El conocimiento histórico es una creación colectiva, no depende de un libro ni de un individuo sino de una indagación sostenida a través del tiempo por distintas personas.

La relación del material periodístico (las entrevistas) y los documentos escritos estuvo también en el sumario. Tal vez sea útil traer a colación una referencia. En Conmovida memoria, Raúl Gardelli recordó la visita del escritor español Vicente Blasco Ibáñez a Rosario. Según el relato, apenas bajó del tren Blasco Ibáñez pidió ser llevado “al Madame Safo”. Gardelli contaba que la anécdota le fue referida por un compañero de la vieja redacción de La Capital, que aseguraba haber presenciado el suceso. Sin embargo, el escritor estuvo en Rosario en 1909, cinco años antes de la construcción del prostíbulo.

¿Qué significa esa historia? Con su sabiduría, Raúl Gardelli hubiera sacado alguna sabrosa conclusión, pero entonces no se conocía la fecha de construcción del burdel. Al revisar la visita de Blasco Ibáñez, en un artículo publicado en la revista Lucera, Fernando Toloza reconstruyó el contexto en que se produjo, las relaciones tirantes del español con algunas personalidades locales y conjeturó que esa burla de la memoria bien pudo ser un ajuste de cuentas de los rosarinos de entonces. Las construcciones de la memoria son precisamente eso, construcciones, es decir relatos donde se producen desplazamientos y transformaciones generalmente inconscientes. Pero esas elaboraciones no tienen un sentido negativo: si en un plano contienen datos inexactos, en otro pueden ser un testimonio sobre el modo en que se percibió un suceso, un fenómeno, un personaje.

Los expedientes, con todo su valor, también tienen sus problemas. La historiadora uruguaya Yvette Trochon advierte sobre los riesgos de “enamorarse del archivo” o de suponer que en los documentos se encuentra la voz directa de los protagonistas de una época y no las voces de esos personajes mediadas por los funcionarios que los interrogaron o que transcribieron sus palabras, en general de modo poco transparente (en el sentido de que interfirieron con sus propias palabras en el discurso original de los personajes). En un caso y en el otro, el problema no parece tanto la fuente como el modo en que el investigador la procesa.

Los datos recién conocidos gracias a la investigación de Múgica constituyen un aporte de importancia extraordinaria, porque vienen a decirnos algo nuevo —y que se proyectará, seguramente, en nuevos estudios— respecto de un sitio emblemático del pasado de Rosario. Y vienen a decirnos también que la historia de Pichincha no está cerrada. Las páginas de este suplemento quieren ser un ámbito para las nuevas investigaciones y los nuevos debates.

Vía | Osvaldo Aguirre – Suplemento Señales – Diario La Capital – Domingo 11 de mayo de 2008

1 comentario

  • Gary Vila Ortiz dice:

    Querido Osvaldo: llegi tarde a tu artículo. Es que hace menos de cinco meses que perdí la virginidad con las computadoras. Todavía no la perdido con los celulares. Supongo que habrás leído Los atributos, a mi entender que retrata lo que fue Pichincha con una mirada distinta. César Tiempo hizo de Clara Beter una habitante de Pichincha. En algún momento tres miembros de Boedo vinieron a rescatarla. Vieron a una mujer escribiendo sobre una pared y pensaron que era Clara Beter. La mujer salió disparando, decía que tres locos la estaban persiguiendo y quiso hacerlos meter preso. Esta historia, contada por el mismo César Tiempo, una madrugada en el viejo Hotel Italia, tenía una gracia que yop de ninguna manera puedo darle. Castelnuovo nunca le perdonó la broma, ignoro si la perdonó a Clara Beter. Hacia fines de 1972 y comienzos del 73, iniciamos una serie con Chango Salas. Una en la casa-estudio de Julio Vanzo lo cual significó una verdadera invasión de la gente que se encontraba viendo el programa (trasmitíamos en vivo);la otra en la de Uriarte; otra a la entrada de los alumnos del Colegio Nacional Número 1, donde hubiéramos poasado las de Caín si no hubiese sido porque Chango y yo nos habíamos quedando tomando unas copas en el Paco Tío hasta las cinco y debíamos llegar al canal a las seis; otra fue en Oroño y Pellegrini con los personajes de un circo (me da un poco de vergüenza decirlo), pero las circustancias hicieron que montara una elefante, de mi misma edad en ese entonces, y siempre me pregunto que habrá sido de ella. Montado en la elefanta llegué hasta cerca de la entrada del Castagnino. Una de las últimas fue en Pichincha, donde encontramos a quien decía ser Milonguita. Aparentemente o con seguridad no lo era, pero hacerle una nota fue todo un placer. Algunos tangueros de Rosario , carentes de humor, se enojaron. No era raro. Cuando Borges, parado junto conmigo y el comisario Paletta en la vieja estación Rosario Norte, contaba cosas de Pichincha y asombraba a Paletta que había peleado contra la mafia de ese lugar, dijo que el tango podría haber nacido alli, en esas calles prostibularias. Tres ciudades, me dijo, por ser portuarias y prostibularias, pueden haber sidola cuna del tango: Montevideo, Buenos Aires, Rosario. Por cierto,los tangueros de Rosario, algunos de ellos, se enojaron y me dijeron que el tango no podía haber nacido en Rosario: Yo creo que sí, que es una posibilidad o que tal vez su nacimiento haya sido contemporáneo en las tres ciudades. Gary Vila Ortiz. Rosario. Argentina. (Un gran abrazo, gracias por todo).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resuelva la siguiente cuenta *