Pichincha: una historia en reconstrucción

Una historia en reconstrucción
Del pasado prostibulario al boom de la construcción.

El domingo 07 de agosto de 2011 en el Suplemento Señales del Diario La Capital, en una nota de Osvaldo Aguirre y Lisy Smiles, de pasa revista de la situación actual del barrio. Se relata el acelerado cambio que padece el barrio, que pareciera querer abandonar su pasado prostibulario y vivir del recuerdo, se da de bruces con el boom inmobiliario. Una nota imperdible y muy recomendable. 

La entrada es por calle Jujuy, a través de un portón. Aquí hubo un teatro, y también un cine. Se llamaba Casino. Cuentan que Alberto Olmedo estaba con frecuencia entre el público. Pero hace casi cincuenta años que cerró sus puertas, y después vino el olvido. Quedan algunos vestigios: molduras, restos del escenario, la antigua división del espacio. El lugar es uno de los símbolos de Pichincha, donde se encuentra, y también de la situación particular del barrio y su mítico pasado prostibulario: una historia en proceso de reconstrucción.

Desde hace unos años, Pichincha experimenta un acelerado cambio. Mauro Machado, que llegó al barrio en 2002 y abrió el centro cultural El Levante en lo que era una pensión en ruinas, sitúa lo que puede ser un punto de referencia: “entre la calle Salta, hacia el río, y Pichincha, hacia el río, se abría un rincón aislado de la circulación de la ciudad; había inquilinatos, talleres mecánicos y garages, un ambiente de tristeza, depresión económica y marginalidad; la situación empezó a cambiar cuando se abrió el paso de avenida Francia, y empezaron a llegar los bares y a construirse casas nuevas y edificios”.

La transformación de Pichincha recupera el pasado del barrio, una historia más o menos oculta que desde la publicación del libro Prostitución y rufianismo (1974), de Héctor Zinni y Rafael Ielpi, se incorporó a la memoria de la ciudad. Pero en medio del boom inmobiliario —”hoy los terrenos y las casas, aunque estén viejas y derruídas, son carísimas”, dice Machado— y de las nuevas investigaciones, esa recuperación plantea un conjunto de problemas y desafíos, ante la preservación de los edificios emblemáticos y el relato mismo de la historia, en la que todavía quedan numerosos interrogantes, dudas y aspectos para abrir nuevos estudios.

En 2008 la historiadora María Luisa Mugica reveló que el verdadero nombre del Madame Safó, como se conocía al burdel de Pichincha 68 bis (uno de los edificios históricos que se mantienen en pie), era El Paraíso, y aportó información desconocida sobre sus madamas y propietarios. Más allá de su importancia puntual, el descubrimiento puso de relieve algo que se proyecta hasta hoy: la historia de Pichincha está abierta a la investigación.

Plan A

En 2006 la Secretaría de Planeamiento de Rosario presentó ante el Concejo Deliberante el Plan Especial Pichincha, con el objetivo de proteger el patrimonio urbano-arquitectónico y encauzar la renovación edilicia del área. El barrio se delimitó considerando la historia —el pasado prostibulario—, las características físicas urbanas —los edificios significativos, el trazado vial y ferroviario— y aquello que en el imaginario del presente se entiende por Pichincha, más allá del área delimitada a principios del siglo XX y constituida por el sector de ocho manzanas destinado por el Municipio a la prostitución reglamentada.

Pichincha no es lo que era a principios del siglo XX, cuando los prostíbulos la convirtieron en una célebre zona roja. Los mitos y el interés inmobiliario ampliaron sus fronteras. El área histórica tiene ahora su núcleo de partida en el sector de la Cervecería Schlau, el túnel Celedonio Escalada y la Estación Sunchales, con límites en las avenidas Del Valle y Rivadavia, Oroño, Tucumán (la vivienda natal de Olmedo devino en hito demarcatorio) y Vera Mujica.

El Plan Especial Pichincha tuvo como fundamento un minucioso informe en que María Luisa Múgica hizo un relevamiento de espacios característicos del barrio, un listado de casi medio centenar de prostíbulos, bares y fondas y su localización en el área, con datos sobre propietarios y encargados, tomados de fuentes documentales nunca antes consultadas, como los prontuarios de la vieja División de Investigaciones de la policía rosarina, pedidos de habilitación y de clausuras, ordenanzas y mapas de época.

“Muchos de los inmuebles catalogados contienen en sí mismos una historia, un acontecer, un nombre, un hecho. Y muchos otros son el resultado de una sumatoria de seres anónimos que fueron constituyendo a nuestra ciudad”, explica María Laura Fernández, directora del Programa de Preservación y Rehabilitación del Patrimonio municipal.

Hoy esa protección invita, justamente, a recorrer en detalle sus calles, aunque el itinerario (tanto histórico como arquitectónico) no figura dentro de ningún circuito. Muchos de los inmuebles catalogados por su valor histórico están identificados sólo con una placa y carecen de la información respectiva.

Desde Preservación advierten que el vandalismo impide profundizar el proyecto en cuanto a acercar información a través de cartelería. Hay un relato propuesto desde el municipio respecto de Pichincha pero su eficacia actúa en lo técnico (los grados de protección de los inmuebles) y muestra debilidad en lo simbólico (por la imposibilidad de narrar la historia).

Tampoco aparece como muy sencillo la construcción de ese relato por fuera de lo arquitectónico. La historia prostibularia define una cuestión identitaria en el barrio, e incluso en la ciudad, pero no es un tema sencillo de abordar. “Nosotros estamos fundamentalmente ponderando aquellos valores identitarios de la arquitectura que conformó este sector de la ciudad y no estamos reivindicando el uso que se hacía de estos sitios: lo que hacemos es reconocer la conformación de un ámbito urbano cuyos orígenes tuvieron que ver con la actividad prostibularia”, advierte Fernández.

“De todas maneras —agrega la directora de Preservación— se fue comprobando una inversión inmobiliaria, y dentro de ella lo gastronómico, en donde el barrio también posibilitó que esas tipologías se modificaran en positivo. Un ejemplo es El Levante, con su actividad cultural. O sea, lo edilicio dio posibilidad de cambiar el uso y generar estos espacios de encuentros que ya no son los mismos encuentros de entonces pero están generando otro tipo de actividad cultural”.

En ese sentido puede incluirse el Mapa de las artes en Pichincha, una iniciativa del Centro de Apertura Multicultural que apunta a relevar los espacios culturales, de recreación y gastronómicos del barrio para potenciar su actividad y la afluencia de público, y posibilitar nuevas iniciativas.

El barrio dibujado

Luis Leonhart es ilustrador y arquitecto. “Dibujar, todo el mundo dibujó desde el primer año de vida, yo seguí un poco más. Y la arquitectura… bueno, es la madre de todas las artes”, dice. Ambos confluyen en Pichincha, el escenario sobre el cual desplegó El Pollo Palacios, tira diaria que publicó La Capital, y que también contiene algunos de sus proyectos, como el de construir un hotel en lo que fue el Teatro Casino. Leonhart, además, puso en valor algunos inmuebles de la zona y eso lo convirtió en un testigo privilegiado de un cambio de época.

El edificio con ingreso en Pichincha 61 y Pichincha 73 fue uno de sus ámbitos de trabajo. “Cuando entramos, aún se respiraba el clima de un prostíbulo. Había un lucernario, de unos 25 metros de largo, que se conserva. Era corredizo, estaba en buenas condiciones. Se desplazaba y dejaba ver el patio adonde daban las habitaciones. Esa propiedad mantiene casi la estructura original, con un pasillo lateral que desembocaba al fondo, donde estaban las pupilas. Las mayólicas, el piso calcáreo del patio, las puertas con los números de las habitaciones estaban intactas, vos entrabas a un prostíbulo, cambiabas de época”, cuenta Leonhart.

Según María Luisa Múgica, en Pichincha 61 y 73 funcionaron los prostíbulos La Mascota y La Mina de Oro, este último “famoso por sus regentas”. Entre las madamas estuvo Anita Barán, cuyos restos hoy descansan en el viejo Cementerio Hebreo de Granadero Baigorria, con los de otras colegas, rufianes y prostitutas.

El Teatro Casino funcionó en Pichincha y Jujuy entre el 17 de marzo de 1914 y el 31 de mayo de 1964. El lugar pasó a ser utilizado por un taller mecánico y cayó en el abandono hasta que fue comprado por un grupo de inversores integrado por dos empresarios rosarinos y un francés. “Tenía un pullman que intentamos recuperar pero estaba destruido; logramos conservar la baranda —dice Leonhart—. Hubo que levantar la parte de plateas, pero se conservó la cubierta de todo el teatro. En el escenario estaban las fosas del taller, pero aún podían verse las bambalinas, que tenían entre quince y dieciocho metros. Su mayor atractivo es la fachada que permanece tal cual”.

Allí el proyecto es construir un hotel con un lobby de uso semipúblico. La parte de hotelería será más bien pequeña, con no más de 40 habitaciones, a lo que se sumará un espacio que servirá como punto de información sobre el barrio y que podría albergar diversas actividades culturales.

“La idea —detalla Leohnart— es conservar la fachada y liberar toda la planta baja, dejarla como un gran piso entero, para que sea el lobby del hotel. Su característica es que sea como un hall donde la gente se pueda informar sobre el barrio y que eso te permita moverte desde ahí al resto de Pichincha. A la vez, al tener mucha superficie se puede establecer simultaneidad de acontecimientos y usos dentro del mismo espacio”. Una historia que, como la del barrio, se está edificando.

Agradecimientos: María Luisa Múgica/ Rubén Serri

6 comentarios

  • Jorge Dutruel dice:

    viví desde 1951,año enque nací hasta 1975 en Richieri 79 bis Dpto.B…en ninguno de los art´culos aparece el recuerdo para la fábrica de escobas y escobillones de paja MARCHIORI…yo jugaba sobre los techos de los galpones…y nos divertiamos jugando a las figuritas contra las paredes del HOTEL IDEAL,antiguo Madame Safo….tambien iba con una bolsita a comprar un cuarto de barra de hielo a la Schlau…no teníamos heladera helectrica,etc,etc…. Ledesma y Melgar peleandose con poncho y facón en la esquina de Richieri y Guemes,donde estaba la compraventa del manquito…si quieren contactarse conmigo va mi dirección de correo

  • Puchi dice:

    Cuantos recuerdos!!!

  • Raul Vodicka dice:

    Naci en rosario, fisherton pero siempre por cuestiones de amigos a partir de los 10 años andube jugando por todo el barri pichincha, recuerdo bien el HOTEL IDEAL, porque luego ya mas grande trabaje en una optica industrial que estaba en bronw y richierri, hoy hace unos cuantos años que parti de mi querida ciudad de rosario pero aun hoy llevo en mis venas al BARRIO PICHINCHA

  • Oscar Tioni dice:

    Ya escribí un texto largo pero no me lo toma. ¿A quien tengo que dirgirme?

  • Silvia dice:

    La conservacion del patrimonio urbano visto bajo el concepto de la arqueologia urbana seria, por ejemplo, haber restaurado el edificio que menciona Leonhart tal como lo describe en la cita, con las mayolicas ubicada en los sectores originales y los numeros en las puertas etc etc, por ser un edifico representativo del patron de planta de los prostibulos circa 1912 o 1914, cuando se constuyeron sobre base de viviendas anteriores adaptandolas o bien arrancando desde cero. Si no se puede dejar todo como estaba al menos dejar testimonio original ademas del rescate fotografico correspondiente. La estructura externa no es suficiente como memoria.
    Pienso que en este momento el Barrio Pichincha fenotipicamente hablando es mas virtual que real, por los cambios producidos que van borrando esa identidad que supuestamente pretender conservar. Desgraciadamente llegaron tarde.

  • Conrado dice:

    COMENTARIO PICHINCHA NO ES SE LLAMA SUNCHALES PARA EL QUE NO SABE ESE QUE DICE ESO NUNCA VIVIO NI SABE LO QUE FUE SUNCHALES NI LO QUE HERA PRIMERO SABER DESPUES COMENTAR JENTE QUE NUNCA FUE DEL BARRIO1

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