La sección de los quilombos

Bajorrelieve en un antiguo edificio de Pichincha
Algunos edificios de Pichincha se conservan intactos.

Homo Sapiens publica “El Imperio de Pichincha“, nuevo libro de Rafael Ielpi sobre la mala vida en Rosario. Un capítulo sobre los viejos prostíbulos de la sección 4ª de la ciudad, a mitad de camino entre el estricto radio céntrico y la estación ferroviaria de Sunchales, después conocida como Rosario Norte. En este artículo publicado por el Ielpi en La Capital del 22/11/2009 el autor hace un resumen introductorio de la historia del barrio y sus quilombos. 

Los años que corren entre el inicio del siglo XX y el Centenario de la Revolución de Mayo en 1910 son testigos del florecimiento de un área prostibularia por excelencia: la sección 4ª de la ciudad, a mitad de camino entre el estricto radio céntrico y la estación ferroviaria de Sunchales, después conocida como Rosario Norte. Esa zona mantendría una actividad incesante hasta la consolidación casi contemporánea del vecino barrio de Pichincha, y la seguiría teniendo, aunque ya bajo la forma de clandestinos mal disimulados, de distintas categorías y precios, hasta la década del 30 y la caída del engranaje prostibulario rosarino.

Los “quilombos” comienzan entonces a poblar, a partir de 1900, ese barrio comprendido entre las calles Alvear y Presidente Roca (entonces Independencia) y desde Urquiza hasta el extenso y sombrío paredón del Ferrocarril Central Argentino, en Avenida Wheelwright, donde hacían su agosto, ya desde hacía unos años, las prostitutas no registradas, de menor tarifa y mayor peligrosidad para la salud de sus arriesgados clientes y frecuentadores por su permanente evasión a las normas que imponían la Municipalidad y su brazo armado: la Asistencia Pública.

La sección cuarta, o “la cuarta” a secas, era considerada un real paraíso prostibulario por los hombres de Rosario de comienzos del siglo pasado, clientes de esos lugares donde su impunidad y privacidad estaban garantizadas por la presencia de muchos otros ciudadanos expectables (comerciantes, profesionales, políticos, bolsistas) que iban también, aun de manera eventual a las “privadas”, en busca de un turno de placer pago.

Allí se sucedían, como ocurriría poco después en Pichincha, los “quilombos” munidos de farolito rojo y los que no tenían farolito alguno, los bodegones, los comederos, peringundines y timbas varias, que se abrían sin zozobra alguna ante la impasibilidad de cómplices funcionarios policiales, muchos de los cuales pasaron también a la historia popular menuda por sus relaciones con la cofradía rufianesca.

El de Madame France, en Balcarce 42, era sin duda uno de los prostíbulos más concurridos y recordados, en especial por algunos detalles (espejos, alfombras) que lo distinguían. En Jujuy 2091, una pensión o “casa” a la usanza de las “casitas” de francesas en Buenos Aires en la misma época, recordada como “de Monjardín”, concentraba un plantel de francesas que atraían una permanente clientela para la que los 5 pesos de costo no eran impedimento alguno. Si bien Monjardín pudo ser el apellido de su propietario, bien vale suponer que el nombre del local fuera Mon jardin, como cabía a franceses.
Mientras, cerca de allí, en Brown y Balcarce, el “París y Londres” una de cuyas propietarias, según consignaba El Municipio en julio de 1901, era Eva Grernister, competía fuertemente con los dos anteriores desde lo módico de su tarifa de 2 pesos, que garantizaba el ingreso y ulterior encuentro sexual. El “París y Londres” iba a aparecer a menudo en la crónica policial de comienzos del siglo pasado.

En mayo de 1904, por ejemplo, cuando se comenta en La Capital un hecho policial que involucra a Alberto Timoni y Tudik Berenski, o en enero de 1908, al producirse una gresca de proporciones entre los sujetos Dugon Emady y Valentín Ercila, que merece también la correspondiente nota en El Municipio.

Los tres prostíbulos, en realidad, se disputaban una misma clientela: la de los rosarinos de cierta notoriedad social y económica, capaces de afrontar sin sobresaltos “una noche de garufa”, a puertas cerradas y sin admitir otros invitados en esos “quilombos” de la 4ª; una manera mucho menos ostentosa y económica de “tirar manteca al techo” que la de los porteños de la oligarquía terrateniente, que lo hacían en los cabarets parisinos.

Igualmente visitados eran en la zona otros prostíbulos fuera de toda normativa municipal, como el clandestino de Aurelia o el “Italia”, en Güemes 2010, de propiedad de David Zurcher, que ocultaba su condición de prostíbulo con una fachada de café; el clandestino de Paulina, en Dorrego 219; el de La Magdalena, en Italia entre Catamarca y Salta; el de Aurora del Valle, en Moreno 34; el de María Luisa, una francesa que albergaba a un nutrido conjunto de pupilas en Brown al 1800 y otros que, como el “Stud El Piojo”, en Güemes 1987 o el “San Petersburgo”, en Güemes al 2400, se encargaban de satisfacer a una clientela de menores recursos económicos pero también deseosa de un momento de placer.

La sección también ofrecía posibilidades accesibles con algunos recintos que podían satisfacer a usuarios no demasiado refinados, como los clandestinos de Sandalio Alegría, en Rivadavia 2181, o el de Wheelwright 1925, cuyo propietario, Javier Córdoba, vería su nombre eclipsado para siempre detrás del fantástico alias de “El Gaucho Pobre”, que aludía a su carencia de un caballo, lo que lo obligaba a desplazarse por las calles del barrio con bombachas, rastra y otros avíos criollos montado… en una bicicleta.

Muchos otros prostíbulos clandestinos, de los cuales en la mayoría de los casos se ha perdido el nombre si es que alguna vez lo tuvieron, se emplazarían en la zona de la sección 4ª rosarina y su existencia, a veces efímera, es rastreable en algunos documentos municipales pero, sobre todo, en las páginas policiales de los diarios de la época, donde a menudo se daba cuenta de episodios —muchas veces sangrientos y con víctimas mortales— que los tenían como ámbito.

Es el caso de los “quilombos” de Güemes 2555, que en diciembre de 1910 es escenario, según El Municipio, de un enfrentamiento entre una prostituta y dos clientes, y de Güemes 2127, en el que de acuerdo a la crónica de La Capital del 16 de julio de 1910, la pupila Rosa Fernández fue baleada por su amante y rufián Nicolás Gorio. O el de los clandestinos de Balcarce 73, donde en abril de 1904 dos pupilas, Teresa Brigera y Ramona González, se enfrentan cuchillo en mano por un festejante de ambas, y el de Wheelwright 2119, donde el 15 de mayo de 1910, Elvira Fuselli y Juana Juárez dirimen daga en mano sus problemas de quilombo, de todo lo que El Municipio daría minuciosa cuenta en cada ocasión.

Vía | Rafael Ielpi para Suplemento Señales – Diario La Capital – Domingo 22 de noviembre de 2009

2 comentarios

  • Benjy dice:

    hola que tal! permítame felicitarlo por su excelente blog, me encantaría tenerlo en mi blog de viajes y turismo. Estoy seguro que su blog sería de mucho interés para mis visitantes !.Si puede sírvase a contactarme benjycl@gmail.com

    Un saludo.

  • Jose Luis Cort dice:

    Rosario y sus prostíbulos, bodegones y su barrio Pichincha, como Avellaneda, La Isla Maciel y la Boca tienen cierto misterio, cierta extraña sensación de nostalñgia y peligrosidad que para aquellos que tenemos cierta edad pero no hemos sido contemporáneos como para vivir esa época, sitios como el de Uds. son sumamente interesantes. Gracias por trabajar por mantener un testimonio tan valioso.

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