Hoy, como ayer…

El Escondite
Todo el mundo sabía que se ejercía prostitución. Todo el mundo lo callaba.

Hoy en Rosario3 leemos una noticia que bien podría haber sido de los años 20 o 30 del siglo pasado. Dice el titular «En Pichincha 9 mujeres eran retenidas para la prostitución» Leemos que de las 9 mujeres, 6 son de nacionalidad paraguaya y estaban retenidas ejerciendo la mas vieja de las profesiones. Nos es inevitable hacer una odiosa comparación con lo que se vivió en el mismo barrio hace casi un siglo. 

Los hechos

Nos cuenta la crónica policial, que en la noche del 10 de agosto de 2012, personal policial, la División Unidad Especial de Apoyo y Coordinación para la Prevención y Lucha contra la Trata de Personas, el fiscal de causas con imputados no individualizados, Marcelo Vienna, y personal de la municipalidad; se constituye en el local llamado El Escondite, de Callao 78 bis. En el local, habilitado como whiskería por la Municipalidad, se encontró que nueve personas eran retenidas para ejercer la prostitución. Seis de ellas son de nacionalidad paraguaya, y no disponían de sus propios documentos.

En el operativo, quedaron detenidos dos hombres y una mujer, todos mayores de edad, quienes serían los regentes de la casa de tolerancia encubierta. Además se procedió a la clausura del local por parte de personal municipal, por tergiversación de rubro, sin perjuicio de la posible comisión del delitos tipificados en la ley 12.331 de profilaxis antivenérea que prohibe este tipo de actividad.

La odiosa comparación

Ya es sabido, que nuestro barrio, en su pasado oscuro, este tipo de actividades era frecuente. Basta leer los distintos artículos de este sitio web y consultar la bibligrafía especializada en el tema, para darnos cuenta que en la década del 20 y 30, Pichincha era la meca de la prostitución y rufianismo. Sin embargo, la actividad prostibularia llegó a su fin con la abolición de la prostitución reglamentada. Los prostíbulos fueron cerrando, algunos se mudaron a Pueblo Nuevo, y un manto de silencio cubrió el barrio.

Al leer estas noticias, parece que regresamos en el tiempo. Que nada aprendimos. Que todo se repite. En aquella época, las prostitutas “importadas” con cuentos y engaños, provenían de europa. Eran polacas, francesas, italianas, alemanas. Puede consultarse el libro «Sexo bajo control» para mas datos sobre la procedencia de las personas que ejercían la prostitución. Hoy pareciera ser que provienen del paraguay.

En aquella época, los prostíbulos y casas de tolerancia se radicaban en su mayoría por calle Pichincha (hoy Ricchieri) y Jujuy. En el siglo XXI se mudaron a Callao. En aquella época, la prostitución estaba reglamentada. Es decir, se adoptaba el principio reglamentarista, en el cual no se prohibe la prostitución, sino que se la admite como un mal necesario. El estado reglamentaba su ejercicio y ejercía medidas de inspección sobre las casas de tolerancia y sobre la salud de las pupilas. Actualmente rige el sistema abolicionista: No se prohibe la prostitución ni se la reglamenta. La prostitución no es delito en tanto forma parte de la esfera de intimidad en donde el Estado no debe inmiscuirse, en tanto no ofenda la moral pública.

Sin embargo, y no es un detalle menor, hoy rige la ley 12.331, que en el artículo 15 determina que «Queda prohibido en toda la República Argentina el establecimiento de casas o locales donde se ejerza la prostitución o se incite a ella» Y a renglón seguido se pena a quienes regentean este tipo de locales.

Hay un hecho mucho mas lamentable en todo esto, que es la trata de persona. En la época de oro de Pichincha, el concepto no estaba arraigado, o por lo menos, la problemática se observaba desde otra óptica. Hoy, desde el Estado, tanto nacional como provincial, hay un fuerte compromiso en perseguir, evitar y castigar este delito. De hecho, hace unos días, celebrábamos la media sanción al proyecto contra la trata de personas a nivel provincial. Hoy la situación es mucho mas grave, y la tolerancia ante casas de tolerancia -si se me permite el juego de palabras- no existe.

Hay un común denominador. Sin clientes no hay trata ni prostitución. Tanto en los años 30 como en la era digital, la principal forma de combate es la misma. Y lamentáblemente, hay otro común denominador. La vista gorda. Todo el mundo sabe (incluso las autoridades) pero nadie denuncia, dice o hace algo.

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